Portadora de mi dolor
Cuánto más me acerco a tu estela, más oscuro se vuelve mi camino, se enturbia a tu paso, eres el mal recuerdo que me da placer recordar, pero que me duele volver a vivir. Te temo, me aterro al mirarte a los vacíos ojos, sólo te miro para enfrentarme a ti, para sentir que sigo vivo mientras estoy lejos de mis melancólicos fracasos. Tu, la dama de mis fracasos, la historia de mi naufragio, la ilíada de mi odisea, la tragicomedia, pero sin ser comedia. Tu, portadora de mi dolor, creíble e invisible a mi pasión, dolorosa serpiente con tacón, pintalabios y pasión, disfrazada de ilusión, comerciabas con dolor a costa de mi corazón. Me duele no tenerte en mi mente, pero me alivia el haberme liberado, me asusta creer que puedes regresar, pero me calma verte tras el espejo mirándome cuando me despierto.
Eres lo que tanto tiempo me provocó dolor mientras me curó el corazón, la diosa que mi mente enturbió, y que al mismo tiempo mi pecho conquistó. Hace tiempo que te dejé atrás, que rehuí de ti, que me burle de tu recuerdo cómo de tu cuerpo inexistente, etéreo... Pero ahora regresas, te haces visible ante mis débiles ojos, pintados de esperanza y de espesura, y cuándo me creí muerto, me provocas dolor y me haces sentir que sigo vivo...

