La huida
Me hicieron creer que la vida no se podía marchitar, pero tan sólo con la esencia de aquellas mentiras me pude quedar. Todo lo que he hecho a lo largo de mi insignificante vida, ha sido dar importancia a las vuestras. Cada bocanada de aire que tomabais, estaba rellena de mi aliento.
Y llegó un día en el que no quedo aire, y ni para vosotros guarde mi aliento…
Ese fue el día que todavía aguardo, el mismo día que marca en vuestro calendario.
Un número más que para vosotros os guía, pero que para otros nos envía, al otro lado de lo que llamamos vida.
Con la mirada perdida, una vez más en la senda prometida, voy alcanzando sonrisas, de las cuales brotan mentiras, de que la vida es preciosa, de que la vida es divina.
Y con sus dientes afilados me quedo, firmando con ellos las losas de la ida.
Hoy por fin ha llegado el día, en el calendario la acometida, y en el armario la bebida, con tristes sollozos de ilusiones partidas, voy mezclando aguarrás con gasolina, el alcohol con las pastillas…
Ahora ha llegado el día, que desde que dibujé las sombras a la vida, he esperado postrado de rodillas, pues tan sólo os importó vuestra vida, y tan sólo consumisteis la mía, con vuestros relatos gloriosos, con vuestras gratas mentiras…
Si he de despedirme no nombraré la sequía que en mis ojos habita, desde el día que truncaron mi huída, hacia el parnaso de la ira, en dónde en sueños me escondía, y a dónde siempre volvía para ocultar las heridas que tras vuestros encuentros padecía.
Ahora se terminó la rutina, tengo el alma en un vaso, y el corazón en pastilla; y mientras recuerdo vuestras vidas, voy restando importancia a lo que hacía con la mía, pues tan sólo reforcé las vuestras, y jamás os tuve envidia.
Para acabar con mi vida, incapaz de sentirme egoísta, por elegir este día como nacimiento de mi ultima huida.



